Hoy, 16 de septiembre, se firma un acuerdo entre EAJ-PNV y PSE de contenido mayoritariamente económico, destinado a
impulsar un Plan para la
Reactivación Económica y el Empleo. Un pacto que busca, además, dotar de estabilidad a las instituciones y evitar una fractura que haga ingobernable este país.
Hace prácticamente un año, días antes de las elecciones de las que este Parlamento es consecuencia, escribía en este mismo blog lo siguiente:
Todos los ciudadanos deberíamos
entender que uno de los principios y esencias de los sistemas
democráticos parlamentarios es, precisamente, que los partidos una vez
elegidos tienen que llegar a acuerdos entre ellos. Esa es una de las
garantías principales de una democracia, evitando que mayorías relativas
acaparen todo el poder y gobiernen para todos pero sin contar con
minorías amplias (a veces, incluso mucho mayores que las teóricas
"mayorías" gobernantes).
Sin embargo, en la CAV, contamos
con un Parlamento en el que es muy difícil alcanzar la mayoría absoluta.
Sobre todo que esta se alcance en escaños sin haberla alcanzado en las
urnas. Tenemos, y tendremos el día 22, un Parlamento muy plural y
repartido.(...)
(...)
Por
otro lado, Urkullu ya ha dicho que habrá que esperar a conocer los
resultados y que, una vez vistos, se puede hablar con todos. Ha puesto
condiciones, claro. Se puede hablar con todos siempre que se respeten
una líneas: trabajar por salir de la crisis sin convertir el estado del
bienestar en el país de los recortes de Rajoy; trabajar por consolidar
la paz sin amnesia pero con voluntad de un tiempo nuevo; y, por último,
avanzar en el autogobierno, en más nación vasca en Europa, pero sin
exclusiones.
Y
sí, se puede hablar con todos. Se debe hablar con todos. Esa es, como
he dicho, la esencia de una democracia parlamentaria plural. Que los
diferentes sectores de la sociedad tengan reflejo en el parlamento y que
ahí se entiendan sus representantes para gobernar para todos.
Pero
ante eso, nos encontramos con que mucha gente se queja precisamente de
lo expuesto, de que los partidos hablen y acuerden. Entonces, pregunto
yo, ¿para qué un sistema parlamentario? ¿Por qué no un sistema
presidencialista donde elijamos directamente al presidente? Que salga
uno elegido, aunque represente a un tercio de la sociedad, y que los
otros dos tercios se aguanten. Se critíca, también, que al llegar a
acuerdos los partidos acaben aceptando puntos de vista ajenos, cediendo
en diferentes puntos de su programa. "Mercadeo" o "intercambio de
cromos". Señores, en un debate, si se quiere llegar a un acuerdo, es
elemental ceder en unos puntos y convencer en otros, acordar. En una
democracia, aún más, el acuerdo es básico. Sin amplios acuerdos sólo
queda la imposición. Y con imposición, la democracia se devalúa.
Lo
que sí debe exigir el ciudadano, el votante, es sinceridad. Si alguien
promete algo, que lo cumpla. Si un partido político promete no pactar
con alguien, que luego no lo haga. Si Patxi López promete no pactar con
Basagoiti, que la misma noche electoral no salga desdiciéndose.
Si EH Bildu contempla pactar con el PSE para desplazar a otra hipotética
lista ganadora del Gobierno, que lo diga. Que hagan todos como Mikel
Arana, que apuesta por el pacto EH Bildu-PSE-Ezker Anitza. O que hagan
como Iñigo Urkullu, que admite estar dispuesto a hablar con todos y a
llegar a acuerdos con los únicos límites consistentes en tener claro que
los principales objetivos son trabajar por salir de la crisis sin
convertir el estado del bienestar
en el país de los recortes de Rajoy; trabajar por consolidar la paz sin
amnesia pero con voluntad de un tiempo nuevo y, por último, avanzar en
el autogobierno, en más nación vasca en Europa, y hacerlo sin
exclusiones.
Hablar,
pactar o acordar es legítimo, siempre que se haga desde la sinceridad y
sin engañar a la ciudadanía. En el mismo sentido, presentarse a unas
elecciones prometiendo cosas que luego no se pueden cumplir, y hacerlo a
sabiendas, es una de las cosas que más daño hace a las democracias.
Hunde la confianza que pueden tener los ciudadanos en las instituciones,
les aleja de los partidos políticos y abona el camino para los
extremistas demagogos y populistas.
Esto, tiene hoy plena vigencia. No sólo eso. Esto es, además, prueba inequívoca de que el EAJ-PNV está actuando con sinceridad y responsabilidad. Está cumpliendo con la palabra dada. El Lehendakari Urkullu, y el EAJ-PNV, han trabajado desde el día después de las elecciones por sacar adelante este país y, para ello, es necesaria la estabilidad institucional y la aprobación de los presupuesto. A algunos puede no gustarles que sean los socialistas los otros sujetos del acuerdo, pero es que, tal vez, han sido los únicos que han salido de su trinchera.