lunes, 15 de octubre de 2012

EL PACTO PSE-PP DEPENDE DE NUESTROS VOTOS (Y NO ES EL ÚNICO POSIBLE)

El domingo se celebran en este "rincón occidental" de nuestro pequeño país elecciones al Parlamento. Es, utilizando un símil, como si se repartieran las cartas y, a partir de ese momento, cada partido político tuviera que jugar con lo que tiene de cara a la composición de mayorías más o menos amplias tanto para conformar el Gobierno como otras Instituciones (Mesa del Parlamento, Comisiones, etc.).


Todos los ciudadanos deberíamos entender que uno de los principios y esencias de los sistemas democráticos parlamentarios es, precisamente, que los partidos una vez elegidos tienen que llegar a acuerdos entre ellos. Esa es una de las garantías principales de una democracia, evitando que mayorías relativas acaparen todo el poder y gobiernen para todos pero sin contar con minorias amplias (a veces, incluso mucho mayores que las teóricas "mayorías" gobernantes). Por ejemplo, en un sistema de mayorías puro, puede ocurrir que el Presidente del Gobierno sea el candidato de una lista que, en primera ronda electoral (normalmente estos sistemas van eliminando ronda tras ronda las candidaturas menos votadas) logró únicamente el 35% de los votos emitidos. Es decir, que gobierna en solitario alguien a quién un 70% de la gente que votó no apoyó.

Sin embargo, en la CAV contamos con un Parlamento en el que es muy difícil alcanzar la mayoría absoluta. Sobre todo que se alcance en escaños sin haberla alcanzado en las urnas. Tenemos, y tendremos el día 22, un Parlamento muy plural y repartido. Así, frente a un parlamento español donde el bipartidismo es total y existen mayorías absolutas sin que estas hayan tenido reflejo en las urnas -Mariano Rajoy, por ejemplo, goza de una mayoría absoluta (el 53% de los escaños) con un 44% de los votos-, mientras, en Euskadi, en las últimas elecciones en las que se presentó todo el espectro político, la coalición más votada, EAJ-EA, logró el 38'6% de los votos y el 38% de los escaños. Así, veremos como, con casi total seguridad, la posibilidad de pactos que aúpen al poder a listas en apariencia perdedoras y desplacen del gobierno a partidos en teoría ganadores es tan amplia  como la diversidad de este país.

Los pactos posibles son muchos. Una reedición PSOE-PP, vía por la que Basagoiti ha apostado claramente, será posible en caso de que entre esos dos partidos logren un sólo escaños más que el EAJ-PNV. Desde luego, el PSE no ha negado que esa posiblidad le seduce.
Un pacto entre EHBildu y PSOE, con la suma en su caso de Ezker Anitza-IU, es también probable. El cabeza de lista de IU, Arana, lo ha propuesto públicamente. Patxi López lo ha negado, igual que negó que pactaría con Basagoiti, por lo que poco valor tiene lo que diga. Y en EHBildu no saben no contestan, con lo que dejan la puerta abierta.
Por otro lado, Urkullu ya ha dicho que habrá que esperar a conocer los resultados y que, una vez vistos, se puede hablar con todos. Ha puesto condiciones, claro. Se puede hablar con todos siempre que se respeten una líneas: trabajar por salir de la crisis sin convertir el estado del bienestar en el país de los recortes de Rajoy; trabajar por consolidar la paz sin amnesia pero con voluntad de un tiempo nuevo; y, por último, avanzar en el autogobierno, en más nación vasca en Europa, pero sin exclusiones. 

Y sí, se puede hablar con todos. Se debe hablar con todos. Esa es, como he dicho, la esencia de una democracia parlamentaria plural. Que los diferentes sectores de la sociedad tengan reflejo en el parlamento y que ahí se entiendan sus representantes para gobernar para todos. 
Pero ante eso, nos encontramos con que mucha gente se queja precisamente de lo expuesto, de que los partidos hablen y acuerden. Entonces, pregunto yo, ¿para qué un sistema parlamentario? ¿Por qué no un sistema presidencialista donde elijamos directamente al presidente? Que salga uno elegido, aunque represente a un tercio de la sociedad, y que los otros dos tercios se aguanten. Se critíca, también, que al llegar a acuerdos los partidos acaben aceptando puntos de vista ajenos, cediendo en diferentes puntos de su programa. "Mercadeo" o "intercambio de cromos". Señores, en un debate, si se quiere llegar a un acuerdo, es elemental ceder en unos puntos y convencer en otros, acordar. En una democracia, aún más, el acuerdo es básico. Sin amplios acuerdos sólo queda la imposición. Y con imposición, la democracia se devalúa. 

Lo que sí debe exigir el ciudadano, el votante, es sinceridad. Si alguien promete algo, que lo cumpla. Si un partido político promete no pactar con alguien, que luego no lo haga. Si Patxi López promete no pactar con Basagoiti, que la misma noche electoral no salga desdiciéndose. Si EHBildu contempla pactar con el PSE para desplazar a otra hipotética lista ganadora del Gobierno, que lo diga. Que hagan todos como Mikel Arana, que apuesta por el pacto EHBildu-PSE-Ezker Anitza. O que hagan como Iñigo Urkullu, que admite estar dispuesto a hablar con todos y a llegar a acuerdos con los únicos límites consistentes en tener claro que los principales objetivos son trabajar por salir de la crisis sin convertir el estado del bienestar en el país de los recortes de Rajoy; trabajar por consolidar la paz sin amnesia pero con voluntad de un tiempo nuevo y, por último, avanzar en el autogobierno, en más nación vasca en Europa, y hacerlo sin exclusiones.

Hablar, pactar o acordar es legítimo, siempre que se haga desde la sinceridad y sin engañar a la ciudadanía. En el mismo sentido, presentarse a unas elecciones prometiendo cosas que luego no se pueden cumplir, y hacerlo a sabiendas, es una de las cosas que más daño hace a las democracias. Hunde la confianza que pueden tener los ciudadanos en las instituciones, les aleja de los partidos políticos y abona el camino para los extremistas demagogos y populistas.

En cualquier caso, el asunto está claro. Aquí nadie puede llamarse a engaño. Los pactos antes mencionados son todos posibles, muy posibles. Y lo son pese a que algunos los nieguen y otros los omitan. Ya se nos ha demostrado antes cuál es el valor de la palabra de López; Basagoiti ya ha hecho su apuesta; IU también ha sido clarito dicendo que apoyarán a EHBildu y el partido liderado por la Izquierda Abertzale, que siempre critica que otros pacten con el PSE o el PP, ya ha llegado a cuerdos con estos dos partidos en Gipuzkoa, en Donosti o en Gasteiz, por poner sólo unos pocos ejemplos. 

Si las encuestas son ciertas (y del reparto de escaños que hacen no hay que fiarse un pelo, todas juegan a movilizar a cierto sector del electorado y a desmovilizar al otro) y es cierto que la ciudadanía sitúa a Urkullu a la cabeza de los políticos considerados más honestos, con un 23,1%, por encima del 17,8% de Mintegi, y del 9,5% de López o el 5,1% de Basagoiti; si  también es sincero el esquema que se repite en la categoría del "político más eficaz", donde el jeltzale es citado por el 29,5%, frente al 10% de la candidata de EH Bildu; y además, igualmente es cierto que el 34,2% cree que Iñigo Urkullu es quien "mejor lo puede hacer" como lehendakari, mientras un 18% se decanta por Mintegi, la cosa está clara. El 21 de Octubre hay que ir a votar y votar por quién se quiera que gobierne. 

No vale votar a otro o quedarse en casa y luego quejarse porque Patxi López ha pactado con el partido de Rajoy, porque Basagoiti ha apoyado al desastroso López o porque EHBildu pacta con aquellos "españoles" de los que un día antes renegaba. No hacer nada por cambiar las cosas para que vayan a mejor esperando que lo hagan otros y cuando no sale quejarse y lamentarse no vale.


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