Evidentemente no sólo hay eso. También hay todo un ritual asociado a una tarde de toros de lo mas típica con su solecito, paseillo con caballos y olor a cuadra, su colorido y pasodoble español, ambiente de fiesta, olés, arrastres y cojidas, manoletinas, verónicas, picadores y matadores, abanicos y peinetas, y laca. Mucha laca.
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| Una imagen del magnífico espectáculo |
Porque para muchos la parte más importante de la "corrida" no es ni el sufrimiento del toro ni el despempeño del torero. La parte importante es el acto social. Ver y dejarse ver. Bien ataviados y arrimándose a las "mejores" compañías. Lucir complementos y fardar de donde tienes reservada luego la cena. Y es que no tiene precio ir ataviado de Loewe y Carolina Herrera a un espectáculo de sangre y muerte, con abundate mierda y orines, pensando en las ostras o el solomillo al roquefort que te meterás más tarde entre pecho y espalda.
Y es que qué sería de las fiestas de Bilbao sin toros. Puede que sea un espectáculo con menos asistentes que esos conciertos que parecen no estar asegurados y basado en una falta de humanidad profunda y salvaje, pero al menos atrae a la gente VIP y no a esas hordas de mangarranes que se juntan en la Karola o junto al Guggenheim a disfrutar de su mutua compañía y la música de fondo.
En fin, que no se lo que es mejor. Si ir a los toros porque disfrutas del espectáculo o simplemente porque el espectáculo te sirve de excusa para la exhibición social.

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