El nene se ha hecho pupa. Le
sangra el dedo y se ha puesto a llorar. O como hacer el ridículo más espantoso
en política al confundir el culo con las témporas. Creía Bildu que el mundo es de color de rosa y
que los sillones de las instituciones están almohadillados con algodón de
azúcar. Y ha resultado que las mesas tienen esquinas y que las bancadas son más
duras de lo que parecía.
En el convencimiento más absoluto,
e infantil, de que repitiendo una cosa cientos de veces esta se hace realidad,
los chicos de la gasolina, una vez crecidos, pensaban que autodenominándose
insistentemente Izquierda y Abertzale esto se haría realidad por si mismo. Es
decir, que la actual Bildu es, en si misma e invariablemente, la izquierda y el
abertzalismo de este país. No les define lo que hacen sino al revés: lo que
hacen es lo que define la realidad. Va a ser que están en lo más profundo de la
caverna de Platón.
Tiene que ser muy duro salir del
mundo de la piruleta, donde todo es como tú quieres, y darte de bruces con la
cruda realidad. Yo les entiendo. No están preparados, no les han enseñado. La culpa
no es suya. Tres décadas gobernando pequeñas poblaciones en las que su palabra,
respaldada por la acción de ETA y su mundo, era ley natural. Y ahora, de
repente, se encuentran sin la tutela del primo de zumosol y en la tesitura de tener
elegir entre la opción impopular y la opción todavía más impopular. Duro.
Exigir a otros siempre ha sido más fácil.
