«La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensen diferente» (Rosa Luxemburgo)
El 8 de septiembre, Hondarribia celebró su día grande en
agradecimiento a la virgen por la liberación del asedio de 1638. Y, como
últimamente viene siendo habitual, la celebración estuvo dividida. Y
eso, aunque triste, no tendría mayor repercusión si no fuera por las
protestas que se forman ante el paso de la compañía díscola y por la noticia de ayer que nos informaba de que un concejal, del partido que ha cogido esta pelea como bandera política, renunciaba a su cargo para participar en el Alarde Tradicional. ¿Qué diantres les pasa a los gipuzkoanos con los desfiles marciales?
No tengo nada que objetar a que haya quien haga del paso de ganso y el
sonido de las escopetas una fiesta grande. Me es extraño tanto afán
militar pero ya saben, que cada palo aguante su vela y cada uno
homenajea a los suyos a su manera. Lo que no termino de comprender es la
disputa sobre si las mujeres pueden, o no, desfilar en los alardes como
algo más que cantineras.
Irun y Hondarribia son pueblos modernos durante todo el año. Entonces llega la "tradición" y se jodió todo. Porque, parece ser, el quid de la cuestión es la "tradición". Tradición como costumbre y norma. "Como soldados o escopeteros desfilan únicamente los hombres porque así ha sido siempre". Un argumento con el mismo peso que un globo de helio. Si por tradición fuera, seguiríamos pintando bisontes en las paredes de la gruta familiar.
En cualquier caso, como decía antes, allá cada cual con lo suyo. Si una chica joven no quiere desfilar como soldado porque cree que no tiene sentido o porque va contra la tradición de su gente, ella sabrá. A mi me recuerda mucho a esas otras chicas que llevan velo "porque quieren", pero no digo nada.
Lo que ya no tiene ni medio pase es que esa misma chica, o cualquier otra persona, se concentre al paso de las mujeres (y los hombres que las acompañan) que sí creen que tienen derecho a desfilar como soldados para montar los tristes espectáculos que hemos podido ver año sí y año también. Si no les gusta y/o no lo comparten, que se queden en casa. Ya tendrán después su fiesta a la manera tradicional.
Es posible que alguno me diga que detrás de todo esto hay política. Que están moviéndolo algunas y algunos con segundas intenciones. Si es así, tengo que reconocer con mucha tristeza que algo han conseguido, porque de esa mayoría que apuesta por lo tradicional se ha trasladado una imagen de lo más casposa e intolerante. Y, visto que compaginar ciertar opciones políticas con desfilar con el Alarde Tradicional tampoco es posible, tampoco puede decirse que los que piden libertad para si mismos estén dispuestos a respetarla para con los demás.

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