En
el cuento titulado 'El traje nuevo del Emperador', Hans
Christian Andersen desnuda a un emperador al que unos estafadores
han convencido de que únicamente las personas de alta cuna son capaces de ver
el traje que no lleva. La corte y el pueblo llano callan ante las vergüenzas de
su señor, no vayan sus vecinos a pensar que son de baja condición.
Algo
similar le ocurre a Iñaki Unzueta, que aprovechando una foto en la que varios
jeltzales gipuzkoanos salen vestidos de baserritarras, nos vende un imaginario traje de pueblerino esencialista que todos los que aspiran a presentarse como
ciudadanos del mundo –y nunca salen de su terruño mental- se apresuran a
corroborar, pues ninguno quiere ser tomado por aldeano ni cateto.
Celebrar
Santa Águeda, vestido de casero, es antiguo, retrógrado y etnicista. En
resumen, no es moderno. Y lo que no es moderno, no mola y además excluye. Para
ser moderno, con pedigree, tienes que sentarte en un sofá orejero demodé,
ponerte los cascos más grandes que encuentres en la Fnac y tararear lo último
de Vetusta Morla. Eso y despreciar lo que a tu al rededor huela a mainstream. Y así, siendo muy moderno, molas.
En
fin, que Dios -o Fortuna- nos guarden de los modernos ciudadanos del mundo con
ínfulas de predicador. De los trikitilaris ya nos guardamos solos.

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